No sé con cuál
de las “definiciones” quedarme, si con la que propone Fernando Savater la cual
dice que es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de
aprender y en el deseo de saber que anima, en que hay cosas (símbolos,
técnicas, valores, memorias, hechos…) que pueden ser sabidos y que merecen
serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del
conocimiento. O con la viñeta basada en la idea de Lourdes
Miquel sobre qué es una maestra, es algo que me tiene en vilo.
Desde la
antigüedad la educación ha sido un dilema. ¿Educar o no educar? ¿Educamos en la
vida o para una profesión? ¿La mamá o el papá o un especialista?
Platón ya
decía que era algo necesario, que no hay rebaño de ovejas que camine sin
pastor. Y como se creía en las polis griegas, tanto debe haber un pedagogo como
un maestro que les enseñe a socializarse y a especializarse por igual.
La cuestión viene
cuando tenemos que ponernos manos a la obra. Y es que de esas dos personas que
los griegos ya nos proponían parece que nos estamos olvidando. Tal vez por
comodidad, tal vez por ignorancia, no lo sé. El problema es que cada día que
pasa más se lavan las manos unos y se pringan los otros. ¿Qué quiero decir con
esto? Que el gran dilema de educar se está cargando sobre los maestros (qué no
cabe duda que para ello están y que es su función, pero…) y eliminando de las
obligaciones vitales a los “papis”.
¡¡Señores
despertemos!! ¡Que los maestros no son “supernanis”! (¿O sí?) ¡Que si no
mandamos a la escuela (cuando digo escuela digo club, parque…) a nuestros niños
con un mínimo de educación, es imposible que allá donde vayan se les eduque!
¡Que si el papá y la mamá no trabajan en casa, por muchos superpoderes que
tengan los maestros, no hay nada que hacer! Y no es que me lo invente yo, es
que a los hechos me remito. Solo tenemos que ver los comportamientos en las
aulas, campos y pistas deportivas, etc.
¡Anda! Creo
que empiezo a descubrir qué es educación para mí. Diría que es una mezcla de
las dos definiciones iniciales: es algo en lo que hay que creer y para lo cual
debemos tener una lista infinita de cualidades para conseguirlo a la
perfección. Eso sí, como dice Savater, si hasta de la mili ha conseguido
aprender algo (y eso que para mí cuando hay armas de por medio hay poco que
aprender); decir que no es necesario saberlo todo para enseñar un poco. Así que
pongamos todos nuestro granito de arena.
De todas
formas, he de decir que es algo muy difícil de responder, y que no m atrevo a
conceptualizar. No obstante, como decía José Bergamín en sus “Poesías casi
completas”: “Más me hielo si más ardo”. Y que yo completo: y cuanto más me
hielo, más quiero arder. Es decir, aún tengo mucho que aprender. Y así espero que
pase con muchos otros, porque es la única forma de que consigamos responder.
*Todas las
referencias han sido extraídas de “El valor de educar”, Fernando Savater. Ed.:
Ariel, Barcelona: 2006.







