Lo primero es
diferenciar dos términos de los que hablamos cuando nos referimos a la escuela:
educación y escolarización. Alrededor de ellos se crea una controversia que nos
hace dudar de si las AFD (actividades físicas y deportivas) son educativas o
no.
Cuando
hablamos de educación se refiere a la
enseñanza de aquellos aspectos específicos sobre un tema que tiene un valor
intrínseco, es decir, aquellas (tareas) que tienen valor en sí mismas y que están
orientadas al desarrollo de una futura tarea. Por el contrario al referirnos a
la escolarización la definiremos como
la enseñanza de aquellos aspectos necesarios o deseables que no tienen porqué
ser valiosos por sí mismos. Nos referimos a aquellas actividades que pretenden
alcanzar algo más que solo su valor intrínseco.
Intentando a la
pregunta que se hace Arnold (1991) sobre este tema: “¿son consideradas (las
AFD) en sí mismas como medios valiosos (educación) o se las estima
fundamentalmente como medios para promover un propósito extrínseco
(escolarización)?” Decimos que las AFD han sido criticadas durante largo tiempo
porque se consideraba que eran útiles para transmitir otros aspectos
extrínsecos a ellas, valores sociales como el compañerismo, la cooperación…O
incluso a través de sus juegos se podía enseñar otras materias como matemáticas
o geografía.
Sin embargo,
creemos que esto no es así por dos motivos. La importancia adquirida por las
AFD en nuestros ámbitos de vida es tan grande que, en cualquier lugar por el
que te muevas encuentras referencias a ellas. En todas las localidades hay
polideportivos, hay paneles publicitarios, las vemos en TV y escuchamos en la
radio… Es por tanto, parte de nuestras vidas. Una parte tan importante como lo
es la informática o la literatura. Por ello debemos considerar que es algo de
lo que nuestros alumnos deben tener conocimiento, una base mínima en la que
sepan en qué consisten estas AFD, para por ejemplo no caer en muchos de los
mitos que existen.
Y otro
aspecto, tal vez el más importante, es el valor que obtienen cuando hablamos
del conocimiento práctico, el cual solo se pone en funcionamiento al realizar
dichas actividades de forma práctica. Nos permite además de hacer las tareas
saber cómo hacerlas y ser capaces de explicarlo. Es decir, además de tirar a
canasta, explicar por qué lo hago (lectura del momento de juego y de la
táctica) y funcionamiento; como por su capacidad para ser utilizadas como medio
para transmitir conocimientos sobre otras materias. Además de permitir crear un
gran abanico de situaciones en las cuales se aprenden valores éticos y morales,
siendo incluso, como dice Maraj (1965, pág. 107), el ámbito en el que más y
mejores situaciones de este tipo se producen.
Como
conclusión podemos decir que además de tener un carácter educativo es un gran
elemento socializador.
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